2008/11/03

Talleres-Ometepe-talleres por fin!!

La semana pasada los talleres empezaron con mal pie, pero terminaron muy bien. El miércoles estuvo muy bien con las educadoras y el jueves pude dar los dos con los chavalos de las Tías, pero lo mejor el viernes, en club en Conexión, con jóvenes desde 15 hasta 32 años con mucho interés y participando, preguntando… Así terminé hacia las 6’10 y fuimos con Rakel a tomar algo al Venivé (Bar con raciones que lleva un catalán). Me esperaban cuatro días libres, hasta el martes a las 4’30 -que aunque festivo, la gente de Club en conexión se comprometió a venir para poder recibir el último taller-. Y tomando un jugo de mango decidí que me iba a la Isla de Ometepe- descarté el Caribe con gente que no conocía, más caro ¡¡y con mi ampolla!!-. El camarero Taco nos preguntó que íbamos a hacer porque Cornelia -su colega- también quería ir de viaje pero no había planeado nada. Así que la llamamos, le pareció estupendo y a las 8 de la mañana del día siguiente nos juntamos las dos en la terminal de autobuses para iniciar nuestro periplo: Interlocal a Managua, taxi a mercado Huemes, bus a San Jorge-más de media hora esperando a que se llenara el bus anterior, que iba a otro sitio, para que el nuestro viniera al andén y en 15 minutos salieramos. De allí lancha a San José en la Isla de Ometepe y caminando hasta el hotel. Llegamos, y no había sitio. Sólo una cama en dormitorio compartido, nada más. El hotel de enfrente tampoco tenía sitio y nos dijeron que en el siguiente tampoco. Y es que eran las Fiestas Patrias y mucha gente aprovechaba para viajar. Pero la última información resultó ser falsa, en el tercero había varias habitaciones libres, una muy maja por $20, con baño dentro, a unos 20 ó 25 pasos de la playa. Bañito. El lugar era muy tranquilo y agradable, aunque no había mucho que hacer en ese momento. Nos relajamos, cenamos, charlamos a la luz de la luna. Cornelia y yo apenas nos conocíamos, tan sólo habíamos compartido mesa en La Olla Quemada durante un concierto. Ella es una suiza que ha estado varios años trabajando de cooperante en uruguay, y algún tiempo en otros países de latinoamerica. Ahora lleva un proyecto en León en el que niños varones de la callese recogen y tienen un lugar donde estar, comer y dormir. realizan actividades, dinámicas y les ayudan con los estudios.
Al día siguiente nos levantamos tranquilamente y después de un buen desayuno con plato de frutas, yogurt, cereales, pan y mantequilla... humm!! fuimos a informarnos de lo que podíamos hacer ese día y la cosa se complicó. Como era festivo apenas había transporte público, y el taxi era carísimo, además la cascada que queríamos ver tenía cortado el paso por derrumbamiento y para llegar a otro lugar interesante había que pillar un cuatro por cuatro. Nos juntamos con una pareja-él nacido en Uruguay pero había vivido en Brasil, Suiza y trabajaba en Managua en un gran hotel, ella Nica de pelas, con un buen curro también. El 4x4 sólo estaba libre hasta las dos, nos llevó a una hacienda cafetera donde nos hicieron un recorrido por la finca, vimos plantaciones ecológicas de café y cacao con un guía y pasamos por el camino que sube al volcán Maderas. Estaba todo enlodado, así que me alegré de no estar interesada en subirlo. De ahí nos llevó al ojo de agua, que lo anunciaban por todas partes como algo que había que ver, pero era una piscinita natural que la habían ampliado con cemento y la gente pasaba ahí el día, con su comida, sentados en unas sillas y alguna mesa pegadas a la piscina y con dos cambiadores de tela qu olían a pis. (Y es que tambien había baños, pero un poco más lejos). Eso nos decepcionó bastante y tras un obligado baño-qué sino-el taxi nos llevó hasta un buen restaurante donde comimos buen pescado, aunque como suele pasar, tardaron un montononazo de tiempo en servirnos. Mientras esperábamos le dio tiempo a comenzar y terminar una tormentilla. Habíamos conseguido que el chofer nos regresara a nuestro hotel hacia las 4’30 (ya que tenía que volver al restaurante sí o sí a traer más gente) y después de comer teníamos justo el tiempo de hacer Canopy, que yo ni sabía lo que era pero cuando me enteré quise probar. Consiste en desplazarse por unos cables de un árbol a otro enganchada en un arnés, vamos, un amago cutre de andar por lianas. Estuvo bien por ser la primera vez, pero era pequeño y se agarraba poca velocidad, me quedé con ganas de más, pero sirvió para completar el día.
De vuelta al hotel otro bañito, cenar en el rancho junto a la playa, todo tranquilidad, decidimos partir al día siguiente para Masaya. A la mañana aprovechamos para subir al Mirador del Diablo y tener un poco de vistas sobre la isla y recorrimos cada una por su cuenta la reserva del Charco Verde –nombre del hotel- muy bonito paseo entre la costa de la isla y una lagunita que hay dentro, llegando a alguna playita pequeña. Me salí del camino y paseando entre la orilla del lago y la maleza llegué hasta donde se podía llegar caminando. Allí había una barca azul sobre la arena y un poco más lejos ví algo moverse. Unas mujeres lavaban la ropa en una especie de mesas de madera sobre el agua de la gran laguna mientras cuatro niños pequeños se divertían bañándose. Un pequeño camino entre la maleza llevaba hasta una chavola a la que no me quise acercar más. Las vistas desde el lugar eran muy lindas, hacia una pequeña islita y hacia el resto del país que se divisaba a lo lejos. Volví primero por el borde del agua, vi un hombre a caballo mirando el horizonte, seguí por los senderos hasta encontrarme con Cornelia y en el restaurante nos juntamos con la pareja del día anterior. Decidimos hacer juntos el viaje de regreso, taxi, lancha y... coche privado hasta Masaya, qué guay! Allí nos despedimos de la pareja, cornelia y yo nos alojamos en un hotelucho barato y nos animamos a un restaurante mexicano y por si teníamos poco calor ¡nos pedimos un mole!, pollo bañado en una salsa de chocolate y otras cosas, picante, como no!
Vinimos a Masaya para hoy por la mañana subir al Volcán Masaya, hay un parque natural, el taxi sube hasta arriba y allí vimos los cinco cráteres, todos distintos. Algunas pocas personas llegaron en coches particulares y un autobus lleno de chavalos de algún colegio privado, o quizás de algún proyecto de una ONG de esas de muchas pelas. Fuimos las únicas que rodeamos el cráter Masaya, lleno de vegetación. Nos sorprendió lo antentos que estaban las y los guías, alrededor del crater nos íbamos encontrando con una y con otro, nos saludaban , perguntaban si eramos las dos españolas, nos aconsejaban el camino... que en realidad era facilísimo, y por radio informaban a sus compis de si habíamos pasado ya o no. El cráter estaba apagado, lleno de vegetación y muchos buitres se alojaban en los árboles de alrededor. En el cráter de al lado salía un montón de humo y el suelo estaba super caliente. El recorrido estuvo guay y lo mejor que nos bajaron en ray hasta el centro de interpretación donde agarramos las mochilas (sino teníamos media horita) y caminamos hasta la carretera a parar un interlocal a la UCA desde donde salen las que van a Leon, y a las 2 en punto estábamos llegando. A León. Justo lo calculado, pasar por casa, y como no había comida por este ciber donde estoy tecleando a toda caña y ahora me voy a toda leche a dar el taller.
Me quedan dos días y medio para emprender el viaje de vuelta y tengo mil cosas que hacer. entre otras, organizar mi despedida.