La historia empieza unos días antes de tomar el avión para Nicaragua, concretamente en el regreso de Italia, ya que primero perdimos el avión, lo cual me hizo perder un día de los dos días y medio que tenía para estar en Bilbo y organizar mis cosas, y además me perdieron mi equipaje, con el desajuste que eso supone ya que varias de las cosas que pensaba traer se encontraban en la mochila perdida. 5 días después apareció la mochi sin saco de dormir y ahora supongo que habrá llegado a mi casa, gracias a la ayuda de Igone, mi compi del viaje a Italia.
Así que sin algunas de las cosas que pensaba traer como sábana saco, mosquitera, linterna, chancletas… y con algunas sustituciones, me cargue la mochila al hombro rumbo Costa Rica. Cuando aterrizamos estaba lloviendo. Salí del aeropuerto y decenas de taxistas me acosaron, pasé de ellos y bajé en un cutrebus hasta la ciudad, mi hostal estaba céntrico así que del bus agarre un taxi y enseguidita me instalé en un hostel con Internet gratis, cocina y restaurante, piscinita….
Al poco, las 5pm salí a buscar la Terminal de bus que me llevaría a León, fue una odisea entre calles asfixiantes por el tráfico de vehículos y personas y chiringuitos ocupando parte de las aceras, y por la intensa lluvia que dejaba descansos de 5 ó 6 minutos. Conseguí encontrarla y comprar el boleto para el día siguiente a las 6am, tenía que estar a las 5,30 de la madrugada. Tras una noche de 7pm (no podía tener los ojos abiertos por más tiempo, para mi cuerpo ya eran las 3 AM de la madrugada) a 4,30 tomé el bus hacia León. Y por increíble que parezca las 10 horas se me hicieron cortas, entre mirar el paisaje, charlar con alguien y pasar la frontera. Les hice una perdida a Lu y Rakel (la coordinadora de Leonekin) y vinieron a buscarme antes de lo previsto, a llevarme a mi casa con mi familia, presentarme, ducharme y salir a la calle de nuevo.
Ese primer día, recorrí con Lu las calles de León. Calor. Un poco más tarde me junté con el resto de voluntari@s que estaban preparando sus despedidas, se iban en menos de dos días. Cenamos en un lugar caro una lasaña buenísima y de nuevo no podía mantener los ojos abiertos por más tiempo, así que a dormir. Al día siguiente desayuné con dña. Carolina, la mujer de mi casa, madre de una hija y un hijo de 7 y 8 años, charlé con Dña. Soledad, su Madre, y seguí familiarizándome con el perro viejito, Titán, la perrita negra, Coqueta, y la gatita blanquita, Rosita. Calor. Como ya os podéis imaginar en pocos días la relación entre Rosita y yo se ha ido consolidando, ya me acompaña al baño, se mete por debajo de la puerta y se queda esperando hasta que termino, y me vuelve a acompañar a mi habitación. Es una buena cazadora de ratones, motivo por el cual la trajeron hace unos meses -de hecho ayer tuvimos una pequeña fiesta nocturna ella y yo, ya os la contaré.
Llegue a León un viernes, y el sábado nos fuimos a Poneloya, a la playa. En Las Peñitas pedimos un fresco (un jugo de frutas con mucho hielo) y nos bañamos en una playa linda y larga de arena ardiente y con bravas olas que se empeñaban en quitarme mi cedido bikini de los 18 años, con el que me vine, imaginaros dónde estaba el que uso últimamente, en la mochila perdida. Nos sentamos en abuelitas -sillas mecedoras- a la sombra o al sol, según pasaba una nube o salía Lorenzo a abrasar. Luego comimos pescadito en un restaurante para guiris y nos echamos una siestilla en las hamacas. A la vuelta a León llovía.
Así empecé mi estancia en León, de vacaciones, con mis compañer@s de voluntariado a quienes apenas volvería a ver una o dos veces más y pasando del sol radiante a la nube negra y lluviosa, que no sabes muy bien si refresca o da más calor al levantarse el vapor del suelo, pero soportable. Al día siguiente callejeando un poco más y a la noche despedida en casa de Dña Griselda de todo el resto de voluntarias., con sus familias, refrescos, sandwichitos, tortillas de patata y queques (tarta), música de salsa y bailoteo. Así que empecé mis relaciones públicas bailando salsa, la gente se animó en seguida y la fiesta estuvo muy bien. Poco a poco se fueron las familias y nos quedamos el y las voluntarias con la gente de la casa y Javi y Nicolás- un nika y un londimense afincado en León, que bailan estupendamente y se iban turnando, junto con Iñaki que creo que puede decir que este verano ha aprendido a bailar salsa.
El lunes empecé a conocer los proyectos, el primero Casa Quemada, donde hay un grupo de infantil, otro de carpintería y otro de peluquería. Hicimos la despedida de Marta, con una piñata y refrescos. A la tarde conocí e
l local de pequeñas y pequeños del proyecto Las Tías, donde reciben apoyo escolar, juegan y comen niñas y niños de la calle, cuyas madres trabajan en el mercado y que apenas están motivados o disponen de medios y apoyo para ir a la escuela. Quienes van a la escuela por la mañana acuden a Las Tías por la tarde y viceversa.
Al día siguiente conocí el local de las y los mayores de 13 a 18 años, donde además de su hora de estudio tienen carpintería y costura. Ya os podéis imaginar que ni una sola chica va al taller de carpintería y ni un solo chico al de costura. Mi coordi de Leonekin ha dado un taller de género antes de llegar yo y yo voy a dar una de sexualidad positiva en el que también se trabaja el género. El machismo que existe en Nicaragua es enorme lo mires por donde lo mires, algunas costumbres son las de hace mil años allá y la violencia de género grave. Hay juegos de chicas y juegos de chicos y la presión de grupo es fuerte entre chavalos.
El martes lo terminé conociendo el Club en conexión, un club de jóvenes donde también voy a dar un taller. En realidad allá tienen muchos conocimientos de sexualidad, o por lo menos de anatomía sexual, riesgos de embarazo y de ITS (Infecciones de transmisión sexual). De hecho los chavalos de allá, que son algo mayores, son monitores o educadores que van a zonas rurales o barrios pobres a educar en torno al SIDA, las infecciones que se agarran a través del sexo no seguro, etc. La responsable del lugar se mostró muy contenta de que pudiera ir a dar el taller, de que se pudieran enriquecer con otros conocimientos y puntos de vista. De momento lo que pude observar es que tienen un material muy bueno, unas cartas con fotografías de órganos afectados con infecciones super fuertes, había que hacer de tripas corazón para mirarlas.
El miércoles lo tuve entero para preparar los talleres, ir al comedor Santa Lucía donde además del arroz puedes escoger pollo cocinado de diferentes maneras, y algo de carne, y acompañamientos varios como ensalada, calabacín, plátano frito. Te lo ponen con un fresco y vale entre 35 y 55 córdobas, como 1’5-2 dólares. Después un cafecito en el Hotel Los Balcones, tranquilo y cómodo para pasar largos ratos y leer o preparar taller. Y a la noche la prometida visita a 'La Olla', un local donde los miércoles hacen conciertos- que casualmente está alquilado a la Dña Carolina, la mujer de mi casa, y además da patio con patio. Tocó nose que Zavala, cantautor pero que añadió varias canciones de esas de hace treinta años que se escuchaban cuando yo era pequeña y otras de salsa con las que varias parejas se animaron a bailar.
El jueves empecé a colaborar en los proyectos dando apoyo escolar y llevando a algunas a la juegoteca (donde se puede tomar prestado juguetes y la biblioteca) y seguí preparando y el viernes por la tarde nos fuimos Lu y yo a visitar Granada y la Laguna de Apoyo.
Granada es una pequeña ciudad más tranquila que León con menos ruido, bonita, colonial y con olor a caca de caballo por todas las calles, debido a los caballos que llevan coches no se si con
turistas o para todo el mundo como transporte. Nos fijamos que llevaban unas bolsas de rafia en las barras que unían los caballos con el carricoche, pero quedaban muy atrás, y todas estaban limpitas. O sea, que los caballos cagan por la carretera, después los vehículos pisan la mierda, y Lorenzo se encarga del resto para dar este peculiar olor a la ciudad. *La comunidad de Andalucía está arreglando una de las calles, la de restaurantes y bares, y la catedral ha sido renovada por la cooperación española.
Al día siguiente partimos para la Laguna de Apoyo, un gran lago en el cráter de un volcán que se nos presento más tranquilo y liso que un plato, con un sol esplendido y una temperatura agradable (después de venir de León que junto a Chinandega son las dos ciudades de más calor de Nicaragua). Nos quedamos en un alojamiento donde puedes pasar la noche o solo el día (11-7 dólares) con vistas a la Laguna, un rancho (tejado de paja sobre columnas y vigas de madera) con hamacas y tumbonas, bar, cocina, salón, terraza… vamos, paradisíaco.
Nos bañamos unas cuatro veces, cayó una tormenta de 20 minutos, descansamos, anduvimos en kayak, nos volvimos a bañar… y salimos a dar un paseo por los alrededores por la tarde. Para un lado vimos algunas casas en fincas, la gente en el exterior charlando, toda la vegetación enorme, se oyen los monos, los sapos, un chiringuito donde comprar refrescos y cosas básicas…
Para el otro lado una escuela, una nube sobre nuestras cabezas, un cartel anunciando un lugar más adelante…y empezó a jarrear. Nos refugiamos bajo un árbol, pero al poco nos estábamos calando. Avanzamos hacia el alojamiento y nos quedamos bajo otro árbol, que tampoco nos protegía mucho. Lu se decidió a corre hacia la casa y yo me quedé esperando a que amainara. La mayoría de las veces empieza a llover de pronto y termina rápidamente, pero esa vez no paraba, así que al rato me animé, ya sin correr porque estaba bien calada y llegue hasta el portón de la finca, donde me encontré a Lu calada hasta los huesos. Llevaba 5 minutos tocando la puerta, la chapa de la puerta, la cadena de la pedazo campana, y no le habían abierto. Ahí nos entró la risa. Seguimos tocando la campana, la puerta, la chapa, hasta quedar caladas hasta los huesos, sin un resquicio seco en nuestro cuerpo hasta que bajo un paraguas apareció el gringo que ayudaba en la casa (negocio de otra gringa afincada en el lugar) pidiendo disculpas, que no había oído. Y es que la mayoría de los tejados son de chapa, y cuando llueve no es oye más que la lluvia cayendo.
Llegamos a la habitación, nos cambiamos enteritas y pasamos el resto de la tarde leyendo hasta que llegó la cena, juntaron todas las mesas en el salón abierto y todos los huéspedes, la mayoría gringos, Israelíes, tres Nicas y nosotras- cenamos y charlamos con unas velitas en las mesas. Dejó de llover y la noche fue tranquila, se oían las olas del lago, además de otros ruidos de animales. El dormitorio daba a la laguna con lo que podría haber sido una gran cristalera, pero era una gran mosquitera- mucho más adecuada. Y a la mañana siguiente amaneció soleada y tranquila, nos bañamos antes y después de un gran desayuno buffet, viajamos a Masaya, visitamos el mercado- volvía a llover y regresamos a León- también llovía. Puedo aseguraros que les estoy sacando un buen partido a mis ‘Crocks’, que no me lo imaginaba para tanto. No me los quito, llueve y es el calzado ideal y si hace calor también son adecuados. Me ducho con ellos, bajo a la playa o voy a trabajar con ellos. Lo que no se es si me aguantarán así todo el mes…
Así termina mi primera semana en León. Ya me imagino que la próxima crónica va a ser un poco más breve, la semana más rutinaria… o quizás no.

