2008/09/05

Gustav y Rosita-crónica 2

No recuerdo haber visto llover tan fuerte en toda mi vida. Al día siguiente de mi llegada, después de volver de la playa en un día precioso se acercó una tormenta. Estábamos en la casa de cultura viendo unas actuaciones de aficionados a danzas tradicionales y los truenos sonaban a 50 metros, los relámpagos nos asustaban. Desde entonces han pasado unos 15 días y la mayoría ha llovido entre media y una hora, a veces más. La calle donde está mi casa tiene una acera a medio metro de altura. Cuando llueve se inunda la carretera y tienes que intentar pasar por la acera, que se va estrechando hasta quedar en una sola y diminuta baldosa. Al final, casi siempre tengo que bajar a la carretera, meter los pies en la corriente de agua para volver a subir en frente de la casa y bajo la lluvia intentar descorrer el pestillo para abrir la verja y poder acceder a la cerradura de la puerta de madera.

Hoy no estoy en casa, la lluvia ha sido más fuerte que nunca, y más duradera. En realidad debería estar dando uno de mis talleres de sexualidad. A la mañana he dado uno a los chavalos mayores, han estado muy bien, les ha gustado. Después ha empezado a llover y como no paraba, haciendo un esfuerzo hemos metido las patas en la corriente de agua que separaba la casa de la carretera y nos hemos ido al proyecto de los pequeños. Ha seguido lloviendo mientras estábamos en el proyecto de infantil. Después de comer la lluvia era cada vez más intensa y se ha inundando todo, las niñas y los niños han disfrutado sacando el agua con escobas y poniendo tinas bajo las goteras. Se lo han pasado de maravilla, no nos hacían ni puto caso, empezaban a barrer el agua para fuera (ha entrado muchísima) y hacían guerras con las escobas, se salpicaban, salían al patio y se empapaban bajo la lluvia, estaban felices. Les decíamos que se iban a enfermar pero no hacían caso. Por un lado, son niños y niñas fuertes, pobres, que no se enferman tan fácilmente como los más cuidados, nos comentaba la cocinera del proyecto. Por otro lado, si se enferman es una tragedia porque la asistencia médica es gratuita pero las medicinas no, cualquier cosa recetada tienen que pagarla entera y es muy costoso para las familias pobres. A veces hay gente en la calle pidiendo dinero con la receta en la mano, sin poder comprar la medicina.

En un momento en que la lluvia era menos fuerte Lu y yo hemos intentado ir al otro proyecto, donde tenía que impartir de nuevo el taller a los chavalos de la tarde. Hemos llegado bajo la lluvia y sorteando charcos, y otros sin poderlos sortear, hasta el mercado. Después de dos intentos hemos pasado al otro lado del mercado y ahí nos hemos quedado bloqueadas por el río de agua sucia que pasaba por delante nuestro. Estábamos a 100 metros de nuestro destino pero nos hemos tenido que dar la vuelta. Además sabíamos que no iba a haber casi nadie, con la lluvia muchos no vienen y en las escuelas suelen suspender las clases, porque hay alumnas y alumnos que vienen de más lejos y no tienen forma de llegar. Hay quienes viven al otro lado del río y no se puede cruzar. De hecho, al salir del proyecto de infantil algunas niñas quedaban ahí porque no podían regresar a sus casas.

Dando un rodeo hemos venido al ciber y al llamar para avisar de que no podíamos llegar me han dicho que tenían un kilombo que no se podía hacer hoy el taller. También habrá entrado agua, no se si por el techo o por cualquier otro sitio. Mañan lo veremos, quizas.

Las casas aquí normalmente tienen un patio con vegetación y lo que rodea al patio es abierto, no hay pared. Algunos tabiques forman las habitaciones que pueden tener techo o no. Cuando tienen techo, de ese aislante en placas, le llaman cielo raso, sino hay un hueco y más arriba el tejado de cinc, o sea las famosas chapas onduladas. Yo tengo cielo raso, pero una placa esta caída, y justo por encima pasa una canaleta. Si se desbordara la canaleta me entraría agua en la habitación, y con lo que sigue lloviendo ahora me entraría a raudales. Creo que voy a recomponer la frase: si se ha desbordado la canaleta habrá entrado agua en mi habitación…

Los patios son de tierra, como unos 30 ó 40 cm más abajo que la baldosa del suelo de la casa. Tienen una rejilla hacia un desagüe que va a la calle, si no está todo bien limpio el patio se llena de agua y va subiendo y subiendo… O también puede pasar que el agua de la calle esté tan alta que por el desagüe no cuele para fuera. Esto significaría que mi habitación se inundaría. No creo que la situación de Lu sea mucho mejor, teniendo en cuenta que ella accede a la vivienda por un gran patio de tierra que cuando llueve un poco también se inunda, que su habitación está pegada a la calle, que no tiene cielo raso, y que se ha dejado la ventana abierta.

El resto de voluntarias y voluntarios cuando lea esto estarán flipando porque ellas tuvieron días de mucho calor, y yo casi todos de lluvia. Toda esta lluvia suele ser habitual más adelante, en noviembre y diciembre, por lo que dicen es la cola del huracán Gustav que nos trae lluvias sueltas, pero la de hoy es exagerada. Nos preguntábamos antes cómo será vivir un huracán, lo impresionante que tiene que ser.

Son las 03:36 p.m.. Empezó a llover hacia las 11h. y a jarrear hacia las 12h. sólo ha dejado de jarrear para llover sin más un cuarto de hora, cuando hemos intentado ir de un proyecto a otro. Y estamos en el ciber, mirando por la puerta la cortina de agua sin saber muy bien qué hacer, o cómo volver a nuestras casas. En el próximo capítulo.

Ah! Os cuento la aventura con la Rosita? Ya dije que la gatita de la casa y yo nos habíamos hecho íntimas, pues el resto no le hacen demasiado caso y es una gatita blanquita de cinco meses, juguetona y simpática, que no saca las uñas cuando juega. Así que algunos días está durmiendo conmigo, cómo no.

Pero hubo una primera noche, en la que yo dudaba si dejarla dentro de la habita o no. Como tengo la ventana que da al patio-igual que la puerta- justo encima de la cama, y con la temperatura que hace se está bien, decidí dejar la ventana un poco abierta para que pudiera salir si se agobiaba, y al rato salió. Se fue por ahí como hará todas las noches. La trajjeron para cazar ratones pero dicen que ya los espantó y ahora le dan de comer. El caso es que no me había dormido del todo cuando escucho un ruido detrás de otro. Cataplum plim plam plum. Y pienso ‘no será capaz. No, son imaginaciones mías. No tenemos tanta confianza.’ Unos segundos después Rosita entra de nuevo en la habitación, salta de la ventana a la cama y al suelo. Agarro la linterna en un microsegundo, la enciendo, la apunto y efectivamente. Tal y como había supuesto me mira contenta con su ratoncito en la boca. Un sagu txikitin, marroncito y simpático al cual empezó a martirizar bajo la cama de al lado. El ratoncito completamente vivito y coleando y ella lo soltaba, lo cazaba, lo soltaba, lo cazaba. Y yo desde la cama abriendo la puerta y diciéndole que se fuera a jugar a otro sitio, pero como que no. Ahí seguía agarrándolo y soltándolo, y el pobre sagu sin poder escaparse y la pobre de mí sin bajarme de la cama. Hasta que el sagu se escondió tras la sabana que colgaba de la otra cama por la parte de la pared. Y trepó hacia arriba, y la Rosita desconcertada no sabía donde estaba y ese cansó de esperar. Ahí me pareció que estaba viendo dibujos animados. Después de un rato se aburrió, y por más que yo la subía a la cama ella ya no la buscaba. Al final tuve que acercarme a la otra cama, empezar a mover las cosas, apuntes, pañuelos, mochila, sacar las cosas de la mochila, hasta que lo ví escondidito y aplastadito en la espalda de la mochila junta a la cintura, en un pliegue. Con mucho cuidado saqué la mochila entera al patio, la sacudí, y el ratoncillo salió corriendo para la otra punta. La gata ni se enteró. Desde entonces decidí no darle nada de cenar a Rosita, si caza algo por lo menos que tenga hambre y se lo coma. Y claro, si la dejo entrar no dejo la ventana abierta, no sea que repita la experiencia.

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