2006/04/18

Jakoboren bidea ezagutuz


Aste Santuan Jakoboren bidearen bi etapa egin ditut, baita eskalatu eta familia bisitatu ere. Denetarik pixka bat, eta idazteko aukera galanta.
Mañerutik abiatuta lehenengo egunean Lizarrara heldu nintzen; bigarren egunean, handik Los Arcoseraino.
Bidearen lehenengo etaparen amaieran nebaren etxera bueltatu eta bizi nuena idatzi nuen. Bigarren etaparen gauean, berriro, bizitakoa idazteari ekin nion. Ibilbide Biak oso desberdinak izan ziren, paisaia, eguraldia, luzera eta herrixkak antzekoak izan arren. Bi komentariotan sartu ditut, blogaren sarreran osoa ez sartzeko.

3 comments:

Pam said...

CAMINO DE SANTIAGO

MI PRIMERA ETAPA

Hoy he recorrido por primera vez una etapa del camino de Santiago. En realidad no la etapa como viene marcada, sino algo parecido. Sería la etapa desde Puente la Reina hasta Estella.
La he comenzado en Mañeru, saliendo desde casa de mi hermano a las 10,30 h. El camino sale del pueblo por el cementerio hacia Cirauqui. No había pasado el cementerio cuando al adelantar un grupo de cinco caminantes una comienza a hablarme. Vas solita?- me dice y le cuento que voy a hacer una etapa y vuelvo, y quizás mañana otra, y me dice que son de Alicante y vienen 8 personas juntas…, y seguimos charlando hasta llegar a Cirauqui. Vamos más deprisa que sus acompañantes pero al llegar se junta con tres mujeres con las que también viaja. Me despido y sigo mi camino. Cirauqui es un bonito pueblo en cuesta, con casas hermosas y arcos bajo los que una pasa consciente de lo que hace (si está haciendo el camino). Por lo menos eso he sentido yo.
Desde Cirauqui camino más ligera de ropa, con el polar en la cintura y la sudadera remangada. El sendero es similar al anterior, rodeado de campos de cereal verdes, algunas viñas y unos pocos olivos. Solo llevo una pequeña mochila medio vacía para pasar el día, algo de comida, agua, sombrero, pareo, crema solar, unas fotocopias sobre el movimiento anti TAV y una flauta. Así que doy algo de envidia a la gente que camina con mochilas de 40 o 50 litros. La mayoría son del extranjero, hablan francés y alemán. Comienzo a hablar en ingles con una pareja, ante la duda de por donde seguir el camino, pero en seguida él se da cuenta de que olvidó sus gafas de sol en algún sitio, y se paran, mientras, yo sigo caminando. Voy encontrando alguna gente sentada, mirando guías o comiendo algo. La mayoría son mayores que yo.
Al llegar a Lorca el pueblo te acoge con una plaza en la que un viejo edificio, una casa, hace de pared lateral a un frontón. Las marcas de los pelotazos han ido estropeado la fachada, y no parece que esté habitada, aunque no se puede saber. En la misma plaza hay bancos y fuente, y según vamos llegando cada una se sienta o se refresca, alguno pasa de largo, hay quien come alguna cosilla. En Lorca hay albergue, está anunciado a la entrada del pueblo con un cartel: Albergue menús, refrescos, camas, a 100 m. O algo así. Cuando paso por delante me da buena impresión (había crema e calabacín y lasaña vegetal de primero...). Pero ya me he refrescado y el cartel de helados Frigo que tienen en la puerta no me da tanta envidia. Al salir del pueblo veo un jardín lleno de tulipanes, extraños cactus y otras plantas frondosas. Y pienso: alguien se dedica a cuidar su jardín. ¡Que bueno, dedicarse a cuidar el jardín de una!.
Al poco de salir hay una bifurcación de caminos. Uno, el de Santiago, el otro un S.L. que se dirige a la Cruz de Maurien. Está indicado a 1,5 km, y se ve un cerro importante. Tengo tiempo de sobra, hay buses de vuelta en Estella a las 15, 15,30 y 19,30. Son aproximadamente las 12,30. Calculo menos de 2 h. De viaje, y decido apartarme del camino de Santiago para descubrir un nuevo paraje. En el fondo, siempre me tira el monte. El sendero está muy bien indicado, voy subiendo por un caminillo de tierra cada vez más empinado, y continua con algunas rocas y matorrales por el medio. De pronto marca por la derecha una cuesta muy empinada donde me resbalan mis zapatillas de treking viejas y rotas, calzado que he considerado el más adecuado para esta ruta (y he acertado). Al finalizar la cuesta se ve la cruz blanca, en lo alto de otro montículo que me queda por subir, pero otra cosa llama más la atención. Al resguardo de ese pedazo de monte se encuentran varias mesas, algunas con sombra, sumidas en la más absoluta tranquilidad. Me parece una excursión preciosa, con una recompensa al esfuerzo realizado. Desde la cruz las vistas alcanzan San Fausto, bajo el cual se encuentra Estella, mi destino para esta jornada. Tras admirar el paisaje y estirarme un poco, poner a secar la camiseta y comer mi delicioso pan integral con queso y membrillo, almendras de postre, y saludar al único personaje que llega, habla por móvil y se va, decido que este es el mejor lugar del mundo para tocar la flauta, y me siento pastorcilla sin rebaño. “Haika mutil, jaiki hadi...” Una partitura que no entiendo muy bien y con unas notas demasiado altas para la flauta me sirve de referencia. Cuando empieza a salir un poco bien es hora de continuar, me pongo la camiseta de tirantes bajo el chaleco polar con el que me resguardaba del airecillo fresco y sigo rumbo a Estella.
Nada más descender el S.L. (que todavía no he averiguado que significa, me bloqueé en sendero Luminoso) y enganchar el camino de nuevo paso a una mujer que comienza a hablarme. Me adapto a su ritmo y seguimos charlando juntas hasta llegar al siguiente pueblo. Es de Paris, tendrá unos 50 años, ya hizo el Camino, a trozos, pero ha vuelto porque tiene pendiente esta zona. Le comenzó a realizar en julio del 2003, ese año en el que por Argentina la gente nos contaba de que en Francia y en España había muchos muertos por las altas temperaturas y la sequía fue acuciante. Lo empezó a pasar muy mal y realizó algunos trozos en autobús. Visitó las poblaciones, “pero así no vale”, decía.
Con sus vaqueros, mochila, un par de fundas en la mano (cámaras,...) iba sofocada y deseando entrar al primer bar que se encontrara en el camino para tomar un refresco. Después decidiría si continuaba hasta Estella o paraba antes.
Al entrar al Villatuerta nos separamos. Salude a más caminantes, uno no tendría más de diez años, la fuente tenía agua muy freca, el pueblo, con bastantes unifamiliares nuevas y otras casas desordenadas no es muy interesante, continué mi camino y al rato del salir otro caminante me empezó a hablar. Que ya estábamos llegando a Estella, me decía. Yo creía que todavía faltaba un poco más, me parecía que había que subir cuesta (yo, urbanita que siempre paso por ahí por la autovía), pero el que no, que era todo bajada. Iba quejándose un poco, ayer las botas le hicieron daño y andaba con playeras, ya había hecho algún otro trozo de camino otras veces, pero en verano tenía que ser horrible, y si llueve también. Si llueve igual lo deja. Y sino, seguirá unos días. O quien sabe, igual muchos días. Este era de Madrid, trabajaba por su cuenta y no tenía prisa por volver.
Llegamos a Estella, una entrada muy bonita, me invita a una cerveza pero le digo que prefiero buscar la estación de autobuses primero, y el tiene que buscar el albergue, así que nos despedimos. Si nos vemos por ahí nos tomamos la cerveza juntos- le digo sin mucho entusiasmo. O sino nos vemos mañana- me contesta- en la siguiente etapa.
Compro el billete, me arden los pies y mis piernas están cansadas. Son las cuatro y media, entro en un bar y pido una cerveza con gas. Qué maravilla. Paso el tiempo leyendo el articulo sobre el movimiento anti TAV que lo diferencia de la Red para el Tren Social.
Tengo la sensación de haber vivido todos los segundos del día. Estoy molida y contenta. El bus de las cinco y media, con algo de retraso, me lleva por la carreta vieja hasta Mañeru. Compruebo que la fuente del pueblo tiene agua, y recojo en caso un bidón y dos botellas vacías para llenarlos. No se porqué, pero en casa no hay agua, y ni siquiera encuentro la llave de paso.
Me duele un poco la cabeza y decido echar una siesta de la que me levanto despejada y con ganas de contar los detalles del día. Ahora me doy cuenta de que se me olvidó mencionar a otras compañeras de viaje, las mariposas, una con las alas mitad blancas mitad naranjas y otra verde lechuga son las que más me llamaron la atención. A esta última la vi posarse sobre varias flores amarillas en tan pocos segundos, delante de mí, acompañando mi paso. Pinpilin, pauxa, pinpilin, pauxa.

Pam said...

MI SEGUNDA ETAPA: LIZARRA- LOS ARCOS

Mi camino de hoy ha sido completamente distinto al de ayer. No por el paisaje, que apenas cambia, ni por el recorrido en sí, que ha discurrido la mayor parte por una pista de piedra como las que discurren entre todas las poblaciones y terrenos labrados de esta comarca, sino por mi actitud. Ha sido mi manera de recorrer, de caminar la que ha cambiado.

A la mañana, después de ir a la fuente a llenar bidón y botellas de agua para casa (habría sido más poético decir “al pozo”, pero hay dos fuentes en el pueblo), porque –misterios de la ciencia- no hay agua corriente, y comprar alguna cosilla en la tienda de la Geru, a las 10,30 pillo el primer bus hacia Estella. Allí me bajo, paso por la oficina de información, ya que se me han olvidado las fotocopias sobre la etapa, y salgo de Estella caminando. Mi mochila algo mas pesada que ayer por la cámara de fotos y el polar que llevo dentro. Voy deprisa, es tarde, las 11,15, y ese primer trozo por ciudad no ofrece ningún interés. Sin dejar de caminar entre casas llego a una zona con muchos unifamiliares, y enseguida aparece el monasterio de Iratxe, y junto a él las bodegas Iratxe. Aquí hay una parada obligatoria para beber vino de la fuente de las propias bodegas, pero solo funciona cuando están abiertas, y hoy, viernes santo, no es el caso. Sin embargo accionando tres o cuatro veces la palanca consigo que caigan unos chorritos de vino, lo suficiente para pegarle un trago, y sobre todo para poder contarlo.
Sigo a buena marcha, paso por el camping de Iratxe, que es mas bien área recreativa rodeada de chalets. Creo que es Ayegui. Hay bastante gente paseando y una pareja sin mochilas sigue el mismo rumbo que yo. Ellos tambien van a buen paso, muy poco a poco me voy acercando. Por fin salimos del asfalto, y casi como si de una carrera se tratara consigo alcanzarles. Al pasarlos y saludarles él me dice: vaya paso que llevas!-vosotros también, creo que andamos parecido. Les adelanto, no se porque voy tan deprisa. Creo que es porque he salido tarde, supongo que otros caminantes comenzaran las marchas sobre las 9 de la mañana, y no más tarde de las 11. se que tengo tiempo para seguir mas tranquila, pero mis pasos siguen siendo rápidos.
El camino se torna muy hermoso, entre vegetación variada y arbustos, algunos árboles rodean el camino que sube en forma de senda. Al fondo se ve un cerro triangular, la cima de Monjardin. No hay mas peregrinos, sólo yo y la pareja que dejé atrás. Se que van más adelante, porque partieron antes. El recorrido es variado hasta el siguiente pueblo, Azqueta, donde paro a beber agua de la fuente y mientras me como un plátano me llama mi hermano. Quedamos para la tarde, espero llegar a casa hacia las 6. La pareja que andaba detrás mío me ha adelantado, y un caminante que descansaba junto a la fuente también ha partido. –Cuando me pongo en marcha sigo con el paso rápido de antes, me voy dando cuenta de que no es el más adecuado para caminar, pero no me sale otro. Pobres rodillas, pienso, como van a llegar. De un lado no tengo prisa por llegar, pero hay algo que me empuja.
Salgo del pueblo en dirección a Villamayor de Monjardin. El paisaje es muy bello y el camino también. No encuentro a nadie en el camino y tengo la sensación de ser la última, una mezcla entre soledad y desprotección, nadie va detrás mío y eso es lo que me hace correr. De pronto aparece al lado del camino una construcción solitaria y curiosa, un aljibe al que se accede por unos escalones, con un tejado y muros de piedra. El agua se ve limpia y refrescante. Continuo hasta monjardin, algunas personas en bici hacen fotografías de la iglesia y a la salida del pueblo me pasan. De nuevo me siento la ultima de la fila. De pronto un saludo, y de detrás de unos árboles sale la mujer francesa con la que charlaba ayer. Comenzamos a caminar juntas y me ayuda a relajar un poco el paso. Hoy el día está más nublado y se encuentra mejor, además esta parte del camino transcurre por pista de piedritas y ligeramente cuesta abajo. Tras un rato de charla me adelanto, pero ya no voy tan deprisa. Sigo a buen paso, la pista se vuelve monótona, amplias curvas y múltiples señalizaciones por todas partes. En un momento adelanto a una pareja y voy sintiendo que estoy haciendo el camino. Me doy cuenta de que el camino de Santiago es algo que hacemos cada una, solas, pero también acompañadas. Saber que hay gente por delante y gente por detrás me hace sentirme acompañada, aunque no vaya con nadie.
El resol hace el paseo muy agradable, ni calor ni frío, las rectas pistas amarillas entre los campos de trigo verdes y algunos viñedos resuenan bajo mis zapatillas. Los pies empiezan a doler y me dirijo a los bordes del camino donde puedo andar sobre hierba y tierra blanda, es un descanso para las plantas de mis pies. Tras un recodo veo de pronto un grupo de caminantes, cinco o seis, otros dos por delante, luego una pareja, otro grupito, y de pronto me siento completamente incluida. Incluida en no se qué, con gente que no conozco. Decido sacarles una foto, estoy haciendo una etapa del camino e santiago, formo parte de algo.
A la derecha del camino un montículo con vegetación diversa, parece un buen lugar para descansar y comer algo. En realidad, no se que hora es ni cuanto recorrido falta. Un grupito asciende el montículo y se sientan a descansar, yo sigo adelante y al final del mismo encuentro una indicación, faltan 5 km para llegar a Los arcos. Decidido, descanso y como por aquí. Me subo al montículo, romero, tomillo, enebro, otros arbustos y algunas flores me acompañan. El terreno es árido y duro. Extiendo un poco el pareo, me siento, saco las cosas de la mochila buscando mi bolsita con comida. No la encuentro. No puede ser. Lo saco todo, no hay comida.
Se me queda cara de tonta, pego un trago de agua, intento recordar donde la olvidé, quizás se me cayó al suelo en Azqueta, cuando hablaba por teléfono o me comía el plátano. En fin, me quito las zapatillas y los calcetines y me pongo a tocar la flauta. Que bien se está, tranquilidad, extensión, caminos...al poco de continuar me cruzo con un grupo que descansa a la sombra de dos árboles. Cambiamos unas palabras, me ofrecen vino de la bota, por supuesto acepto, me ofrecen tabaco, no gracias, me ofrecen galletas, les cuento la sorpresa que me acabo de llevar al no encontrar mi comida y acepto dos galletas de chocolate. Me preguntan horarios, yo busco y explico lo que se, compartimos conversación e intenciones de viaje. Y al rato sigo, dejando a esas madrileñas y alemanes descansando, echando la siesta y dándose crema en los pies. Sigo contenta, falta poco para llegar, no estoy demasiado cansada y ahora mi paso es bueno. No tan rápido como antes. Mis labios sonríen. Llego a Los Arcos, son las cuatro y diez, busco un bar donde tomar una cerveza con gas y pido una bolsa de patatas que resultan bastante malas. Miro el horario del bus, pone a las cinco y diez, paseo viendo la población y compro unas pastas caseras y un par de manzanas. A las cinco voy a la parada comiéndome una manzana, y en medio minuto llega el bus. Menos mal que llegué a las cinco en punto porque un minuto después ya estaba rumbo Mañeru. Si llego para y diez, lo hubiera perdido.
Al llegar a casa no hay nadie, pero se que mi hermano y Susana han llegado. Me tumbo un rato me lavo con una mini palangana, me como alguna pasta más y cuando llegan les cuento la sorpresa del día, abrir la mochila y no tener comida. Medio minuto más tarde veo mi bolsita con la comida encima de una mesa, done, según muestran todos los indicios, me la había olvidado.
El día acaba con otra cerveza y una buena cena en Puente la Reina, o mejor dicho, sentada en la cama escribiendo el relato. Buenas noches!

Anonymous said...

Nik ere Done Jakueren zati bat egin dut, Burgostik Carrión de los Condesera. Esperientzia polita benetan