2006/07/18

25 años después


Hace 25 años mi madre, mi hermano y yo fuimos a un pueblo recien ocupado que un grupo de personas con mucha fuerza e ilusión estaban reconstruyendo. Por aquel entonces sólo había una casa habitable, es decir, con el tejado entero. El resto estaba en ruinas. Estaban arreglando la huerta, levantando otras casas, canalizando el agua, tenían vacas, hacían velas... y subsistian en un modo de vida alternativo al sistema económico que nos rodea.

25 años después...he vuelto a este pueblo que tantos recuerdos me dejó. Quizás regresé para recordar mi infancia, para salir de la ciudad, para observar, quizás para constatar que todos mis recuerdos eran ciertos, que no eran invenciones que el tiempo crea y transforma. Y lo comprobé. El pueblo no ha cambiado apenas, aunque todas las casas están levantadas y habitadas, aunque la casa grande esta de obras y el salón-comedor rectangular ampliado en un gran cuadrado...todo sigue en el mismo sitio y lo que es mejor, todo sigue siendo auténtico.
(leer más: comentario 1 y comentario de cova)

2 comments:

Pam said...

Una semana en Lakabe
Desde que crucé la verja por la parte alta del pueblo, hoy entrada habitual (antes era por abajo) me emocioné, unas lágrimas marcaron el inicio de mi estancia. Caminé observando, era la una y media del mediodía, no había nadie a la vista. Avancé observando a mi alrededor, situando mis recuerdos, la huerta, la casa con su arco en la puerta, el suelo ligeramente empedrado, los colores. Avancé hasta llegar a la casa grande, la reconocí en cuanto ví la fuete, y delante, la hera, ese trozo de verde circular en el que dormí una vez, sobre una manta, bajo otra manta, en una noche de verano de hace 25 años. Pegadita está la casa de las vacas que tanta adrenalina me había sacado jugando con mi hermano a caminar por las vigas de madera, no había suelo, las vacas me impresionaban debajo. Me acerqué a la puerta hasta la cintura, me apoyé, y otras lágrimas salieron aconpañadas de suspiros y llanto de emoción. Había regresado al lugar de mis recuerdos.
Cuando me calmé seguçí paseando y encontré a Mabel preparando la comida, al poco tocaron la campana y fuí conociendo a la gente. Todos los días comen las personas de la comunidad y las invitadas juntas, es el momento de encuentro. A la tarde me uní al grupo con el que iba a compartir la mayor parte de mi tiempo en esos días.

Tras un fin de semana para despertar hacia nosotras mismas,trabajando las emociones, conociendo a otras personas y abriéndonos hacia ellas,y observando nuestro interior, comenzamos unos días distendidos y organizados en torno a lo que quienes habitamos esta parte del planeta solemos organizarlo todo: las comidas. Copiosos desayunos, almuerzos y cenas con ingredientes ecológicos de recolección o elaboración propia o cercana estructuraron nuestros días. El resto del tiempo lo llenamos con diversas actividades muy adecuadas para mí y mi momento: elaboración de pan, jabones, queso...paseos por el monte, veladas en la hera con guitarra y voz, y algún concierto en la city.
El grupo, aunque con intereses, o historias paralelas, era bastante variopinto. Cada una habíamos venido con una intención, habíamos conocido el lugar por diferentes medios y teníamos expectativas distintas, sin embargo las coincidencias no parecían casuales. A la mayoría nos llamaba la naturaleza, nos estorbaba la saturación de lo urbano, del sistema económico imperante, del clima social, o nos interesaba la autogestión, la convivencia, o estabamos buscando algo, esperando o provocando un cambio. Cada una con nuestros matices claro.
Según pasaban los días nos íbamos conociendo más, encontrando afinidades y al mismo tiempo explorando dentro de nosotras mismas.
Mi estancia ha sido breve, ahora me gustaría haber conocido mejor a algunas personas con las que contacté tan facilmente. Se podrían contar muchos detalles agradables, interesantes, constructivos, de lo que vivimos y alguna gente sigue viviendo, pero no voy a hacerlo yo. Quien quiera, quien se atreva, que lo haga!!! No tiene más que contestar este comentario, lo puede hacer con una observación, un detalle o una historia.

Yo me quedo con una espiral: Un "circulo" que comienza hace 25 años, y la semana pasada se iba cerrando satisfactoriamente, pero a su vez generó otro circulo que ahora queda abierto. El final de una historia que supone en sí mismo el comienzo de otra dentro de la continuidad de la espiral.
Me sentí querida, me sentí bien, aprendí de todas las personas que me rodearon. Os envío un abrazo colectivo.
Muxu bero bat, eta jarraitu disfrutatzen. Posible da berriro elkartzea, denborak eta bizitzak esango dute.

Anonymous said...

La vida en continuo cambio, en continua evolución... algunas veces todo cambia para volver a espacios muy conocidos, para volver a encontrarnos con viejos anhelos.
En mi caso fue hace 20 años cuando dos personas me hablaron de Lakabe, fue durante un curso de Danzas del Mundo que hicimos en Asturies, impartido por Javilotxo. Organizado por Fran, el mismo y entrañable Fran que ahora vive en La Castañal, guapu pueblo donde ahoran viven varias personas que también formaron parte de Lakabe (¿Dios los cria y ellos se juntan?).
El mundo sigue girando, nos encontramos y nos separamos... Hace unos cinco años mi vida dio un cambio radical y volví a reencontrarme con todos estos viejos recuerdos, con aquellas ganas de irme a vivir al campo, a lo que ahora llamaríamos una ecoaldea (y entonces podría ser un pueblo comunitario, un volver a la tierra, una komuna... o qué se yo).
En mi cabeza aparecían recuerdos de hacía 15, 16 años... y de pronto sucedía: me encontraba con personas de aquella época (no habíamos vuelto a vernos), con situaciones similares, como una coreografía perfectamente orquestada.
Un día me vi con un folleto del festival de Danzas Sin Fronteras (organizado, como no, por Javilotxo), cambié mis planes para ese verano y me fui para allá... otra danza, otra vuelta, otro reencuentro, un despertar, fluir: del Festival a la Sierra de Gata (Cáceres), de la Sierra de Gata al encuentro de Ecoaldeas en la Sierra de Segura (Jaén)...
Y allí también estaban Mabel y Mauge, y allí también estaba presente Lakabe, pero no fue hasta este verano cuando por fin llegué a conocer este lugar, a vivir entre estas preciosas casonas de piedra reconstruídas a base de sueños, ilusión y tesón.
Doy gracias a la vida por llevarme por estos caminos... por hacer posible estos encuentros, por mostrarme una y otra vez que otro mundo es posible, es una realidad ya... en Lakabe lo lleva siendo 26 años.
Gracias a Pam por este espacio de reencuentro y recuerdo. Gracias a todas las personas con las que he compartido estos días. GRACIAS LAKABE por acogernos a todas.
¡Un beso muy fuerte! ¡Un abrazo de espiral apiñada!
Cova