Mis recuerdos de aquella época son muy bonitos, pasar horas y horas sentada, tumbada junto a la persona de la que me enamoré, de ese chico tímido que empezaba a despertar al mundo de la adolescencia, a quien yo ayudaba a incorprarse a ese mundo del que yo ya formaba parte, el de los preadultos.
Me sentía tan bien a su lado, que no tenía la necesidad de hacer nada, ni de hablar muchas veces, tan sólo estar junto a él me hacía sentirme llena, tocarle con alguna parte de mi cuerpo, una pierna junto a la suya, apoyar la cabeza sobre sus muslos y dejar que explorara mi rostro durante minutos y más minutos.
También salíamos a conocer el mundo, fuera de nuestra burbuja de sensaciones despertando, a conocer un entramado de relaciones sociales basadas en la confianza, el alcohol, algo que fumar... A mirar e imitar, a que nos miraran, a reirnos con cualquiera y por cualquier cosa, a poner a prueba nuestros miedos, a desarrollar nuestros valores, aceptar unos y rechazar otros.
Y de todo eso quedan recuerdos preciosos, algunos menos, pero casi todos intensos. Unos se pueden nombrar, contar, otros se sienten y no da ganas ni de explicarlos. Todo esto estaba dentro de mí guardado como algo bello, parte de mi historia, mi primer amor.
Todo despertó el mes pasado, nada más entrar en la oficina, cuando mis compañeras me mostraron el curioso mensaje de correo electrónico en el que un tipo quería ponerse en contacto conmigo...era él! Habían pasado 20 años.
Seguir leyendo
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
1 comment:
Poco me faltó para dar saltos de alegría, me emocioné durante unos instantes, hasta que de pronto me di cuenta de que seguramente quería localizarme para darme una mala noticia, o como mucho decirme que se iba a casar. Deseando que no fuera nada grave me puse en contacto con él.
Los siguientes días mantuvimos una intensa correspondencia en la que nos contábamos recuerdos de de aquella edad. No nos habíamos visto en 20 años. A excepción de un día en la universidad en el que le sorprendí entrando en su clase, pero no le gustó mucho la sorpresa y ninguno de los dos nos acordamos de lo que pasó ese día, creo que apenas hablamos.
Recordábamos el día en que empezamos a sentir algo por la otra persona, aquel día tumbados en el muro de Sagüés en el que apoyamos la cabeza sobre el hombro del otro sexo y nos sentimos por primera vez, y nos reíamos complices de nuestro descubrimiento.
Fuimos recordando los besos que nos dábamos antes de separarnos para ir a casa, cuando me acompañaba hasta el portal, cada sábado por la noche, las horas que pasamos acompañando al sol en sus días, los paseos, las risas, los detalles que recordamos.
Mensaje tras mensaje revivimos momento dulces, y alguno un poco amargo quedaba en el aire. Queríamos vernos, pero semana tras semana algún plan retrasaba el encuentro. Hasta un fin de semana de octubre en el que por fín quedamos. Yo le había enviado un par de fotos-muy elegidas- de hace un par de meses. En una de ellas tenía un gesto tan peculiar en mí que podía haber sido de hace 20 años. El no envíó ninguna, pero no me hacía falta. En ningún momento dudé de que le iba a reconocer.
Comimos en el jardín de su casa, paseamos por San Juan de Luz, oscureció a nuestro alrededor mientras seguíamos contándonos, recordándonos, trayendo a la mente pequeñas historias o sensaciones gratas. También aclarando situaciones dudosas. Sólo un mal recuerdo apareció en toda la jornada, el moemento de nuestra separación. Cada uno recordaba algún dato, yo no conocía el motivo, no lo recordaba bien, pero fue una pequeña historia, de esas que pueden ser olvidadas. Y dejamos de vernos, de llamarnos, de buscarnos...y así se acabó, nuestro amor de 15 años.
Te reías mucho de mi -me cuenta- y yo no pensaba en nada más en el mundo que en estar contigo, tanto que cuando subía a casa se me cerraba el estómago y no era capaz de comer, así que me terminaron llevando al médico y haciendo toda clase de pruebas. Lo único que me pasaba era que quería volver a bajar para estar contigo otra vez.
Yo comía y en menos de una hora estaba de nuevo en el portal esperándolo, o en aquellos bancos de Manteo donde nos aislábamos del exterior, feliz de verlo en cuanto aparecía, nerviosa hasta que lo veía llegar.
Teníamos más amistades que pululaban a nuestro alrededor, amigas y amigos con quienes compartíamos parte de nuestro tiempo y de nuestras emociones, a quienes queríamos y contábamos intimidades, con quienes también crecíamos. Personas importantes en nuestras vidas, incluso hoy, aunque tampoco las veamos, o escasamente.
Ahora ya hemos crecido, nos han llegado los 35, no nos parecemos mucho, nuestras expectativas son distintas y también nuestros estilos de vida. Cada uno hemos evolucionado en ambientes distintos, lugares, opciones e intereses diferentes. Aunque nos parecemos en que hemos estudiado lo mismo –y eso marca- y en que nuestras vidas no están resueltas. No tenemos familia, yo empiezo a saber lo que busco, y no se parece mucho a lo que tengo, y él, qué busca él? Creo que no lo sabe, pero está empezando a buscar, a fuera y a dentro. Y buscando dentro me encontró a mí. Ahora le queda buscar fuera, mirar al mundo y sonreir. Y a mí, seguir buscando hasta conseguir lo que deseo. Y reir.
He sido feliz todo este mes esperando sus mensajes, recordando momentos y buscando nuestro encuentro. Después de 25 años volví a Lakabe, donde había vivido momentos intensos de los que guardaba muchos recuerdos. Después de 20 años mi primer añor me busca en Goolge, me encuentra y nos volvemos a ver. Después de 15 años...
...qué estará a punto de suceder en mi vida?
Post a Comment