Muchas veces he tenido y compartido ese pensamiento, me gusta bailar con hombres y con mujeres, pero con los hombres después de un rato, en muchas ocasiones, me sentía un poco manejada. Que si ven para aquí, que si gira, que si gira y gira otra vez... siempre lo que él decide cuando él decide, por que en eso consiste, en llevar (él) y dejarse llevar (ella). Y si encima no es capaz de escuchar la música ya... se acabó. En la vida, como en el baile, hay que saber llevar y dejarse llevar, sentir la música, el cuerpo y el alma. Pero dejarse llevar no es "obedecer", así que si no me gusta como me llevan, empiezo a dirigir yo, pero él no sabe dejarse llevar, ni siquiera quiere (a no ser que no sepa bailar).
De todo esto me he acordado cuando he visto el artículo de Pikara: "El tango queer rompe con todo un símbolo heterosexista y se apropia de él” y según lo estoy leyendo, más agusto me estoy quedando. Me lo pido
marchando una de tango queer! de salsa queer! de...
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